sábado, 9 de marzo de 2013

                                                                       El pintor de batallas

A Arnold, desde niño, le encantaba jugar a los soldados y a los tanques, como a todos los compañeros de su clase.
Cuando creció, en las horas libres del colegio, jugaban a ser soldados que se peleaban y ganaban guerras. Un día, mientras se dirigía a casa después del instituto, una furgoneta negra se paró al lado de la acera, y unos hombres fuertes y musculosos le cogieron, sin dejarle ninguna oportunidad para defenderse, y le dejaron inconsciente.
Cuando despertó, estaba en un lugar muy pequeño, gris y oscuro, cerrado por una puerta de metal. Llevaba un traje de camuflaje, de colores verdes, marrones, grises...
Vio su ropa tirada en un rincón de la habitación, y miró su mochila, la abrió y cogió el bloc de dibujo.
Cada día que pasaba, todos los días se dibujaba como un líder de un ejército.
Un día, la puerta misteriosa se abrió y apareció un hombre, vestido de la misma forma que Arnold, y le explicó cómo sería su vida a partir de aquél momento, que tendría mucho que a ver con sus dibujos, pero que le haría ver que durante todo ese tiempo había estado equivocado.

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